08 octubre, 2007

Anhelos y desanhelos




Aire, aire, le falta pero no lo ansía, aun así por puro instinto lo busca. Corredores inciertos por los que transita su pellejo de vida, fútil y lángido espíritu le han dejado sentirse, huida buscada tras pasillos de infancia. Su cuerpo frágil corre con su último hálito de vida, su rostro húmedo de desconcierto, testigo del culmen de su desasosiego, injurias sufridas por aquel a quien daría su vida, por quien se la ha dejado quitar.

Corre despavorida, buscando un último aliento que sabe que tan solo la muerte puede regalárselo. Coqueta ella como siempre fué, hacia tiempo ya que lo superficial había sido despedido de su vida, tan solo estaba él, como una dañina obsesión, la cual la iba consumiendo poco a poco. Supo lo que fue sufrir por amor gracias a él, tan solo eso le debía. Sí, también sus dos prolongaciones de vida que eran sus pequeños Mariel y Jan, pero ni aquellos angelitos le daban ánimo para sostenerse en pie.

Humillarse sabía bien lo que era, su enfermedad era él, y aquella noche... ya no quiso ser más fuerte, no tenía ni sentía el por qué. Su vida tan solo eran recuerdos revividos día a día, martirizantes hasta más no poder. Desconsuelo, anhelo frustrado era su vida, era él, insignificante todo y su vida... tan solo un dejar pasar la vida. Y ¿para qué? Todos hablaban, todos lo sabían, su dignidad de mujer era maltrecha noche a noche, la desvergüenza de él era la vergüenza de ella. Todos la miraban, miradas plenas de compasión por su ser. Si acaso algo le quedó tras sucumbir a la obsesión, había sido siempre su orgullo. Y de eso aún tenía mucho que perder.

Se tiró, el torreón había sido siempre su lugar favorito, allí donde en las noches perdía su pensamiento en búsqueda de distracciones del engaño marital, contemplando sus sueños vacuos de esperanza pero plenos de vida por instantes, sobre todo si se dejaba engañar por un momento y torneaba sus anhelos en realidad. En el fresco de la noche, con su aroma a pino cercano, con el ruido de vida de alimañas que no dormian, con todo aquello dejaba de sentirse sola por momentos. Allí encontró su salvación, sus ropajes que tanto habían sido arrastrados entre aquellos pasadizos... que cada vez vestían un cuerpo más sumiso, encontraron igual que ella su descanso vital. Si hasta entonces su respiración no había logrado pasar de un mero ímpetu, si su sangre era estanca por momentos premiándola con un tono blanquecino aun más a su piel joven, si el dolor sentido la había trastocado muchas veces hasta el punto de creerse falta de razón. Unos segundos fueron tras la caida, tan solo unos pocos, y en ellos... inoportunamente su sangre volvió a sentirla torrente en su ser, su respiración completa y plena como nunca fué, quizás querían regalarle un último y digno hálito de vida, quizás así para que pudiera sentirse vivida al menos una vez, infortunio otra vez pues había sido aquella vez... cuando había querido perderla ... ahora quería recuperarla y aferrarse otra vez a sus caminos inciertos, al misterio de serntirse vivo ... Los imposibles siempre habían sido su sombra, y no iba a ser aquella la última vez...

6 Comments:

At 4:01 a. m., Blogger Gonxalo Oyanedel dijo...

Curioso el trance rítmico que guarda toda carrera. En muchas ni siquiera se vislumbra una meta, pero a veces es mejor no saberlo.

Un abrazo, Karuna.

 
At 12:01 a. m., Blogger Karuna dijo...

... la sorpresa siempre presente, quizás si no fuera así todo sería más aburrido...

Un besote,
karuna

 
At 10:02 p. m., Anonymous Agustín dijo...

Sentirnos vivos... ahí está la clave de todo. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar para mantener esa sensación?

Un abrazo

 
At 4:25 p. m., Blogger Karuna dijo...

Hasta dónde y por cuánto, sentirse vivo todos podemos, en mayor o menor medida, lo malo es que es una sensación bastante pusilánime, bastante volátil, verdad?

Un abrazo,
karuna

 
At 1:46 a. m., Anonymous Agustín dijo...

Sí, es una sensación bastante volátil. Pero tiene que serlo, ¿no? Creo que si fuese algo continuo nos acabaríamos acostumbrando, y entonces dejaríamos de tener metas. La eterna persecución de la felicidad.

Decía Sabato que no existe la felicidad, sino pequeñas felicidades. Y creo que tiene razón: pequeñas e intensas, escondidas en los lugares más insospechados...

Un besico

 
At 3:02 p. m., Blogger Karuna dijo...

Pues tienes razón (y Sabato también), la verdad es que son momentos, y el secreto es sacarles el máximo jugo.

Un abrazo,
karuna

 

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